Como hijos, hay mucho que podemos hacer para que el envejecimiento de nuestros padres sea más saludable. Se resume en tres frentes: el cuerpo, la mente y la seguridad. En lo físico ayuda animarlos a hacer revisiones médicas periódicas, cuidar la alimentación, hidratarse y evitar el tabaco y el alcohol. Un poco de actividad física adaptada a sus capacidades, como caminar, estirar o bailar, fortalece músculos y huesos y reduce el riesgo de enfermedades crónicas. En lo emocional, cuenta más de lo que parece que participen en actividades sociales, que se sientan escuchados y que reciban afecto sin condescendencia. Reconocer sus logros, en lugar de tratarlos como si ya no pudieran hacer nada, fortalece su autoestima. Y en cuanto a seguridad, adaptar la vivienda para evitar caídas, facilitar el acceso a servicios de salud y, si hace falta, contar con apoyo profesional en casa o en una residencia, son decisiones que cuidan tanto a los padres como a quienes los acompañan.

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