El café tiene fama de villano, pero en dosis razonables trae más beneficios que problemas para la mayoría de las personas mayores. La cafeína mejora la concentración y el estado de alerta, y sus antioxidantes ayudan a proteger las células del desgaste natural del envejecimiento. También favorece el tránsito intestinal y, en algunos casos, ayuda a regular el azúcar en sangre. El problema aparece con el exceso. Tomado en grandes cantidades puede elevar la presión arterial y el ritmo cardíaco, causar insomnio o generar nerviosismo, algo especialmente delicado en personas con hipertensión o problemas cardíacos. La recomendación general es no pasar de tres tazas al día y evitarlo por la tarde. Mejor sin azúcar añadida, y si hay alguna condición médica de por medio o se toma algún medicamento, vale la pena consultarlo con el médico antes de mantenerlo como hábito diario. Con moderación, una taza de café puede seguir siendo uno de esos pequeños placeres cotidianos, sin culpa.
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