Envejecer de forma saludable no significa llegar a los 80 sin ninguna enfermedad. Significa poder seguir haciendo, durante el mayor tiempo posible, las cosas que le dan sentido a la vida: cuidarse a uno mismo, mantener vínculos, disfrutar de un pasatiempo, seguir aprendiendo. Para sostener esa capacidad con el tiempo ayuda una alimentación variada y equilibrada, actividad física regular (unos 20 o 30 minutos casi todos los días alcanza) y estimulación mental constante, ya sea leyendo, escribiendo o resolviendo un crucigrama. Ninguno de estos hábitos funciona aislado: se refuerzan entre sí. Las relaciones sociales completan el cuadro. Sentirse parte de una comunidad, participar en actividades con propósito y mantener el contacto con la familia y los amigos protege tanto el ánimo como la salud física. Envejecer con dignidad también implica que la sociedad deje de ver la vejez como un problema y empiece a valorar la experiencia de quienes la viven.

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