El deterioro cognitivo no es inevitable ni tiene un solo origen: puede estar ligado al Alzheimer, al Parkinson, a un ictus o simplemente al paso de los años. Tampoco existe una fórmula mágica para evitarlo, pero sí tres hábitos que, sostenidos en el tiempo, hacen una diferencia real. El primero es mantener la mente activa: leer, escribir, aprender un idioma, jugar ajedrez o resolver crucigramas fortalece las conexiones neuronales. El segundo es el movimiento. La actividad física mejora el flujo de sangre al cerebro y libera sustancias que protegen a las neuronas del desgaste, además de mejorar el ánimo y el sueño. El tercero, casi siempre el más olvidado, es la alimentación. Una dieta con frutas, verduras, pescado, legumbres y aceite de oliva, parecida a la mediterránea, se asocia con un mejor funcionamiento cerebral a largo plazo, mientras que los procesados y las grasas saturadas juegan en contra. Ningún hábito por separado hace milagros, pero los tres juntos, sostenidos con constancia, sí protegen la mente.

¿Necesitas orientación para tu familia?

Conversemos sobre las necesidades de tu familiar y conoce nuestra residencia en Cumbayá.

Agendar una visita